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BEWW está disponible en castellano e italiano

Y así termina todo. Bolivia’s Everyday Water War ya está disponible en castellano e italiano. Cuando empezamos esta aventura eran 15, pero ahora ya han pasado 16 años de lucha y más de un año de duro trabajo periodístico, y nos llena de orgullo anunciar que nuestro pequeño documental web ha llegado a vosotros a través de dos importantes publicaciones comprometidas con nuestra causa: Periodismo Humano y L’Espresso.

Por si no conocíais de qué se trata cada una, os lo explicamos. Periodismo Humano es una revista en línea independiente fundada por el ganador del premio Pulitzer en periodismo, Javier Bauluz, que se centra en dar a conocer las vulneraciones de los derechos humanos en cada rincón del mundo. L’Espresso, por su parte, es la revista italiana de investigación de actualidad más importante desde 1955.

Si todavía no habéis visto nuestro documental, no esperéis más: Jacinto, Marcela y José os guiarán a través de la Guerra del Agua…

La música del agua

La patria está en los amigos. Por eso, después de un año de trabajo, nosotros nos sentimos un poquito bolivianos. Por las personas que dejamos allí -salgan o no en el documental-, por las experiencias que compartimos y por lo mucho que nos enseñaron.

Caminando por las escarpadas aceras de La Paz conocimos a Celia y a Genciano, dos soles. Celia Pérez Martín es trabajadora social con especialidad en género y desarrollo; Genciano Pedriel Jare es técnico de sonido y profesor en la Universidad Autónoma del Beni. Ambos, además, son músicos. Ellos ponen el oído y el buen gusto de BEWW: Genciano a los mandos de los retoques digitales de audio y, entre los dos, seleccionando las canciones que sonarán en el documental.

Celia y Genciano han atraído a tres bandas de música andina que se han prestado a poner la banda sonora a BEWW: los Awatiñas, los Andes Manta Music y Toldería.

Los Awatiñas constituyen una agrupación folclórica boliviana creada en La Paz en 1970 por dos familias de hermanos: los Conde y los Beltrán. Awatiña significa, en lengua aymara, “los que cuidan”. Sus integrantes cantan tanto en castellano como en aymara, y utilizan para sus composiciones instrumentos de origen andino, como la zampoña, sikus, charangos y quenas. El objetivo de la agrupación es velar por la integridad y la cultura de los pueblos originarios de Bolivia. Con más de diez discos a sus espaldas y una multitud de giras por Europa y Latinoamérica, se postulan como uno de los grupos más reconocidos de música andina boliviana.

Los Andes Manta Music son peruanos de las regiones andinas, pero residen y trabajan en Nueva York. A través de la música popular, estos músicos invitan a imaginar las tradiciones de su cultura, con los sonidos ricos y inquietantes de la selva tropical. Su música se encuentra arraigada en el patrimonio cultural de los Incas y sus antepasados, a través de instrumentos andinos en su forma más pura y auténtica. La agrupación, que ha sacado a la luz varios trabajos y viajado a diferentes lugares del mundo, es considerada un icono de la música andina.

Toldería es un legendario grupo español de música latinoamericana. La banda nació de la mano del músico valenciano Gonzalo Reig, quien durante años fue miembro de Los Calchakis, el grupo de música latinoamericana más importante de toda Europa. Con la experiencia adquirida en París  con Los Calchakis, Reig quiso probar fortuna y se trasladó a Madrid, donde fundó Toldería.

Os ofrecemos un viaje de media hora a las estribaciones de los Andes. ¡Dadle al play y a viajar!

La foto que ilustra esta entrada corresponde a los Awatiñas.

Cuando el estado no llega, ¿quién gestiona el agua?

Cuando a un estado pobre se suman gobiernos corruptos e ineficientes, los servicios públicos se resienten y la ciudadanía sufre. Debido a una falta histórica de interés estatal, la gestión del agua en Bolivia no es un monopolio público.

Muchos bolivianos, cansados de esperar una intervención del estado que nunca llegaba, decidieron organizarse para gestionar sus propios sistemas de agua. Reunidos en asambleas, la comunidad vecinal de Santa Cruz y de las zonas más desfavorecidas de Cochabamba, comenzaron hace décadas a crear sus propias organizaciones para obtener y distribuir agua potable en sus barrios. Estas organizaciones establecen unas cuotas mensuales para sus socios y unos objetivos de trabajo comunitario, que bien pueden consistir en cavar zanjas, instalar tuberías o llevar materiales para realizar la instalación de los sistemas de agua.

Modelos alternativos a la gestión pública-estatal y a la gestión privada, las cooperativas de Santa Cruz y los comités de agua de Cochabamba son ejemplos de organización ciudadana cuando el estado no existe. Pero, ¿funcionan realmente estos sistemas?

En Bolivia’s Everyday Water War exploramos algunas de estas experiencias sociales, su sostenibilidad y su alcance. Guiados por el mapa de ruta de nuestra diseñadora, Francesca Canzi, viajaremos a tres lugares que ejemplifican los diferentes modelos de gestión de agua que existen en Bolivia: conoceremos la empresa pública de Cochabamba y los comités populares del sur de la ciudad; visitaremos varias cooperativas de Santa Cruz de la Sierra; y también descubriremos cómo se organizan las comunidades indígenas del departamento de La Paz.

El tercer mandato de Evo Morales

La Guerra del Agua, en el año 2000, representa el inicio del proceso de cambio que llevó a Evo Morales a convertirse en el primer presidente indígena de Bolivia.

Morales comenzó su carrera política como dirigente sindicalista de los cocaleros. En 1997 se hizo por primera vez con un acta de diputado. Las elecciones de 2002 —las primeras después de las revueltas de Cochabamba—, estuvieron a punto de colocarle en la presidencia del país, donde llegaría tan sólo tres años más tarde.

En octubre de 2014 fue reelegido con mayoría absoluta. El líder indígena, de origen aymara, afronta su tercer mandato con tres grandes retos: convertir a Bolivia en el centro energético de Latinoamérica, renovar completamente el sistema sanitario, y conseguir que la cobertura de agua potable y saneamiento deje de ser un problema para gran parte de sus conciudadanos.

Desde su victoria en 2005, el gobierno de Morales apostó por la creación de un Ministerio del Agua, que ahora también se encarga de Medio Ambiente. En el campo internacional, quizá el mayor logro de Morales haya sido el impulso del Derecho Humano al Agua en la asamblea general de la ONU.

Todavía hay dos millones de personas en Bolivia que no tienen acceso a una fuente de agua potable en sus casas. Más de cuatro millones no disponen de saneamiento básico.

agua, marcelo rojas

La Guerra del agua

Hace 15 años, la ciudad de Cochabamba se levantó contra la privatización de su compañía municipal de agua, SEMAPA.

El gobierno boliviano de Hugo Banzer había firmado un contrato con la multinacional Bechtel, a instancias del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, para conceder el monopolio de todos los recursos hídricos de la ciudad a un consorcio llamado Aguas del Tunari. Dicho conglomerado estaba liderado por Bechtel y participado por la empresa estadounidense Edison, la española Abengoa y las bolivianas Petricevich y Doria Medina. Al poco tiempo de hacerse con la explotación, Aguas del Tunari aumentó considerablemente sus tarifas y amenazó con cortar el suministro a todos aquellos que no pudieran cubrir sus costes. De acuerdo a la Ley 2029, que aseguraba al consorcio privado el control de todos los recursos hídricos, la población cochabambina estaba obligada a pagar por toda el agua que consumiera, independientemente de cómo la hubiera obtenido. La 2029, en teoría, abría las puertas para que Aguas del Tunari cobrara por el agua que la gente obtuviera de sus propios pozos, la que sacara de los arroyos o, incluso, la que consiguiera recoger de la lluvia.

Los habitantes de Cochabamba tomaron las calles durante meses para protestar por la imposición de estas medidas draconianas y contra la venta de sus recursos públicos a empresas extranjeras. El campesinado cocalero, con un joven Evo Morales a la cabeza, la Federación de Regantes, dirigidos por Omar Fernández, y la Central Obrera Boliviana, liderada por Óscar Olivera, se unieron a la lucha de miles de ciudadanos (como Marcelo Rojas “El Banderas”, en la foto) para retomar la compañía municipal de agua. Juntos crearon la Coordinadora para la defensa del Agua y de la Vida que, a la postre, encabezó la oposición a la Ley 2029 y la negociación con el gobierno de Banzer.

La Guerra del Agua se llevó varias vidas y dejó cientos de personas heridas. Los cochabambinos consiguieron expulsar a Aguas del Tunari, recuperaron SEMAPA y encabezaron el primer gran movimiento por la defensa del agua en Latinoamérica.

Hoy, una década y media después, todavía hay muchos barrios de la ciudad con un suministro deficiente y malas condiciones de saneamiento. ¿Acaso Cochabamba ganó la batalla del agua pero perdió la guerra?

Aquí comienza nuestra historia…